Julio 31 2007 01:10PM

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Las garras de Europa

Nadie se explica como un continente sabio y desarrollado, que ha aportado tanto para que brillen las luces del mundo, se pueda ensañar con los inmigrantes de países subdesarrollados que han ido hasta allá a buscar un mejor futuro personal y para sus familias. editorial


Con la aprobación de la “Directiva del Retorno” los 27 países de la Unión Europea pondrán sus garras sobre todo inmigrante que no tenga sus documentos en regla, sin importar que sean niños, mujeres, adultos o viejos. La edad no cuenta para meter en la cárcel hasta por 18 meses a quienes –en su desesperación por conseguir un trabajo- solo rompieron una regla administrativa pero que con estas resoluciones parlamentarias son considerados como delincuentes comunes, casi como criminales de la peor calaña.


Toda esta “Directiva” ha salido de las mentes calenturientas de la vieja derecha de Europa, reaccionaria y racista, que no se detiene a observar el aporte de los inmigrantes en el desarrollo de ese continente, sino que lanza al viento calumnias terroríficas en el sentido de que los ciudadanos tercermundistas son los causantes de la violencia, crimen y delincuencia, y de malas costumbres en sus sociedades que ellos las pintan como perfectas.


Se calcula que en Europa existen unos ocho millones de indocumentados, algunos residentes por varios años. ¿Los meterán en la cárcel? ¿Los expulsarán a todos? Imposible.


Europa no se ha dado cuenta de la importancia que generan esos ocho millones de ciudadanos en los campos laboral y económico tanto en ese continente como en una veintena de países al otro lado del Atlántico o del Mediterráneo. Tampoco ha medido la fatiga social que provoca el apresamiento y expulsión de una sola persona indocumentada (no se diga niños que están asistiendo a la escuela) en los círculos familiares allá y acá. No se ha puesto a pensar en el costo que tiene que un inmigrante al permitir la desintegración familiar a cambio de un trabajo, a veces indigno de la calidad humana. No pesa las lágrimas, sufrimientos, soledades que invaden a un inmigrante lejos de la patria y su familia, sin contar con las ofensas, violaciones a los derechos naturales y el racismo. Talvez desconoce que el esfuerzo de una persona en ese continente multiplica ingresos y alegrías para una familia, de por lo menos cuatro miembros. Europa ignora que para lograr un salario representativo en ese continente hay que trabajar largas jornadas (a veces en doble horario) sin descanso. No sabe que los miles de millones de dólares que reciben los países subdesarrollados de las remesas llevan el tinte indeleble del sudor y las lágrimas.


Europa tiene que recapacitar, dar marcha atrás con su despreciable “Directiva” y empezar a encauzar un sistema de regularización de los inmigrantes indocumentados para acogerlos como ciudadanos con plenos derechos.

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